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Por ignorancia o por confusión, el fuego es el principal argumento que se esgrime contra el uso de la madera en la construcción. Pues bien, la primera premisa que hay que conocer al respecto es que ningún tipo de material constructivo es ignífugo. Todos reaccionan de una u otra forma ante el fuego. El comportamiento de una vivienda de madera es más resistente y estable que el que se consigue en construcciones realizadas con materiales como el hierro o el hormigón.

– El hierro sufre deformaciones a partir de los 450 °C, la estructura se colapsa y se hunde
– El hormigón puede que la estructura se mantenga, pero que sea del todo inservible y exija su derribo
– La madera se utilizan revestimientos y aislamientos que contribuyen a retrasar la acción del fuego

La forma de mejorar la resistencia se basa en la incorporación de productos retardantes del fuego mediante los siguientes tratamientos:

– Tratamiento en profundidad: el producto se introduce de forma artificial
– Tratamiento superficial: hinchándose por la acción del calor, formando una capa aislante y/o impidiendo que el oxígeno alcance la madera utilizando pinturas y barnices
– Tratamientos indirectos: se protege con un elemento que tiene unas mejores prestaciones frente al fuego

Destacar que los daños ocasionados por el fuego sobre la estructura de madera siempre resultarán menores desde el punto de vista de reparación, puesto que suele bastar la reposición de la zona afectada sin necesidad de actuar sobre otras zonas o, en caso extremo, recurrir al derribo. La madera también tiene un historial comprobado de seguridad, evidenciado por su uso en la construcción de viviendas, y algunas de las arquitecturas no residenciales más innovadoras de la actualidad.

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